La casa del arrayán (II)
El primer paquete llegó mes y medio después de que su primo le prometiera que volvería. El cartero se lo entregó en mano, a su nombre, María, con el detalle de la calle y el número de la casa escrito con letra firme, envuelto a conciencia en un cartón duro y atado con guita. No se atrevió a abrirlo hasta la noche y en compañía de su marido, refugiados en el calor de la cocina, con la casa en silencio después de dormir a los niños y a su sobrina. Descubrieron una caja con dos kilos de café y otro de cacao, un paquete de azúcar, tabaco de pipa exquisitamente aromatizado, hilo de seda blanca para bordar y un sobre con cincuenta pesetas en billetes de veinticinco, una cantidad impensable para ellos. En el fondo de la caja una carta sin firma en la que reconocieron las palabras de Hernán: ...