Diarios fugaces: "El legado de mis abuelos"
Se ha acercado por segunda vez hasta el banco en el que estoy sentada con un andar trastabillante, recién aprendido. Gorgorea, resopla y emite alguna palabra reconocible. No tendrá más de quince meses. Viste un peto de tela fina estampada con tortugas. Me mira y sonríe, después se centra en recoger pequeñas piedras del suelo para dejarlas sobre el banco. A escasos metros, pacientes, sus abuelos la supervisan disfrutando con cada uno de sus gestos, ayudándola a ponerse en pie cuando pierde el equilibrio o impidiendo que se lleve las manos a la boca manchadas de tierra. La abuela le ofrece agua y el abuelo le muestra cómo coger tierra con la pala y dep...