Diarios fugaces: "Saudade"
Me siento cómoda con el silencio y la calma, es un rasgo que me define. Así como el gusto por el café. Ahora intento concentrarme en el sabor intenso y agradable del que tengo en la mano, solo y con hielo. A mi alrededor, unos niños gritan al otro lado de la terraza de verano: “¡No, tío, ahora me toca a mí!”. En la mesa contigua, cuatro veinteañeros vocean y golpean la mesa en una partida de cartas de la que parece depender su valía. Aturden. Desde la barra del bar, una mujer proyecta la voz de manera asombrosa y grita a otra sentada en las últimas mesas, si quiere el café con azúcar o sacarina. Es apabullante. El volumen de vida que me rodea se apodera de todo el espacio mientras yo me voy empequeñeciendo dentro de esta vorágine sonora. Bloqueo mentalmente el ruidoso tema de reguetón que escupen los altavoces y, como último recurso, rescato los auriculares y reproduzco la p...