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Diarios fugaces: "Tierra quemada"

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Tres días después… al abrir la puerta de casa me recibe el olor a humo que parece haberse incrustado incluso dentro de las viviendas.  En las calles aún se mantiene el de la leña quemada que impregna todo el entorno.  A ceniza y polvo que se nota al respirar si sales por las callejas y te adentras en la tierra que ha ardido.  Lo he intentado, he demorado incluso la publicación, he buscado temas veraniegos, o relacionados con mi pasión por la literatura, he pensado en el amor, en los sentidos, en la música…  Todos y cada uno de estos temas me han conducido, no sé si consciente o inconscientemente, a la tierra calcinada y la sensación de pérdida compartida después de un incendio que arrasa el entorno y lo degrada.  El incendio de Casas de Millán y Grimaldo.    Desde lejos, a medida que el coche se acerca a la sierra del Puerto de los Castaños se percibe el desastre en lo que antes era verde.  Son escasas las copas que han so...

Diarios fugaces: "El legado de mis abuelos"

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                                                                         Se ha acercado por segunda vez hasta el banco en el que estoy sentada con un andar trastabillante, recién aprendido.    Gorgorea, resopla y emite alguna palabra reconocible.    No tendrá más de quince meses.    Viste un peto de tela fina estampada con tortugas.    Me mira y sonríe, después se centra en recoger pequeñas piedras del suelo para dejarlas sobre el banco.      A escasos metros, pacientes, sus abuelos la supervisan disfrutando con cada uno de sus gestos, ayudándola a ponerse en pie cuando pierde el equilibrio o impidiendo que se lleve las manos a la boca manchadas de tierra.    La abuela le ofrece agua y el abuelo le muestra cómo coger tierra con la pala y dep...

Diarios fugaces: "Saudade"

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  Me siento cómoda con el silencio y la calma, es un rasgo que me define.  Así como el gusto por el café.  Ahora intento concentrarme en el sabor intenso y agradable del que tengo en la mano, solo y con hielo.   A mi alrededor, unos niños gritan al otro lado de la terraza de verano: “¡No, tío, ahora me toca a mí!”.   En la mesa contigua, cuatro veinteañeros vocean y golpean la mesa en una partida de cartas de la que parece depender su valía.  Aturden.  Desde la barra del bar, una mujer proyecta la voz de manera asombrosa y grita a otra sentada en las últimas mesas, si quiere el café con azúcar o sacarina.  Es apabullante.   El volumen de vida que me rodea se apodera de todo el espacio mientras yo me voy empequeñeciendo dentro de esta vorágine sonora.  Bloqueo mentalmente el ruidoso tema de reguetón que escupen los altavoces y, como último recurso, rescato los auriculares y reproduzco la p...

Diarios fugaces: "La vida como un poema"

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Una poesía ronda mi cabeza, involuntariamente, desde hace días.  Así es como empieza: una frase, una rima, con suerte unos versos completos.  En el bolso siempre un  cuadernillo y un bolígrafo, la aplicación de notas en el móvil, la agenda del trabajo…     Ninguna de esas ideas queda en el olvido y con el tiempo cambian, se desarrollan como hilos conductores de algo más complejo y detallado.     A veces me sorprendo contando sílabas, tamborileando con los dedos de la mano sobre la pierna o la mesa, numerándolas bajo las licencias métricas y los acentos finales.  El conteo sube o baja y rompe la estructura, busco otra palabra que sume, un monosílabo que sobra, esa rima es repetitiva, esta me parece cargante, unas veces prefiero que haya rima, otras apuesto por el ritmo y concepto.  No es fácil.      Y sin tocar el suelo, de puntillas, con una extraña ligereza, sabes,  que recuerda a las nieblas inve...

Diarios fugaces: "Amaneceres"

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Entreabro los ojos y apenas ha comenzado a clarear el día.  No quiero saber qué hora es.  El aroma del café recién hecho en alguna cocina cercana invade mi habitación, dejo que me envuelva, cierro los ojos y respiro profundamente.  Los últimos días de un sofocante calor estival parecen pedirnos disculpas con este amanecer inusualmente fresco, tratando así de compensar las sucesivas noches tropicales que nos han arrasado el descanso y la paciencia.  La brisa es fresca y me acaricia los pies, siento los dedos fríos y un pequeño estremecimiento de gratitud me eriza la piel. Las sábanas revueltas, la habitación serena, “Seda” de Alessandro Barricco descansa en medio de la cama abierto por la página en la que el sueño me venció anoche…  Estiro el brazo y el otro lado de la cama conserva la tibieza de tu cuerpo.  ¿Dónde estás?  Unas notas sueltas acuden a mi memoria, recuerdo el inicio de la canción e, involuntariamente, tarareo en s...

Secuencias de un 27 de junio

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Relato publicado en el libro de El 27 de 2026.   La memoria histórica nace desde y para la justicia y la reparación.  Es inherente a nuestra identidad cultural y la mejor herramienta para evitar que las atrocidades cometidas vuelvan a repetirse. Los personajes y situaciones son ficticios.  Vetto nes, siglo III a.C.  Las treinta jornadas caminando hasta alejarse lo suficiente del pueblo que les rechazó ahora no eran más que un mal recuerdo.  Habían conseguido no sólo mantener con vida a los pocos animales con los que pudieron partir, sino ampliar el rebaño.  Y en un chozo de retamas y corcho sobrevivir durante cuatro estaciones, con sus nieves y hielos.   Ahora, sentados a la  sombra de la encina que les dio cobijo desde su llegada, contemplaban orgullosos su hogar de piedra recién rematado, listo para acogerles, espacioso, con anchas paredes que les  protegerían del frío y el calor.  Un altillo lo suficientemente...

Microrrelato XI

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 (Microrrelato finalista y publicado en el XIII Premio Manuel J. Peláez 2025)        Cosquillas y regazo Habíamos creado un mundo idílico en el que yo era su princesita y él mi príncipe encantado.     Desde que muriera mamá prometió ocuparse de mí día y noche.     El dolor pasará, confía en mí,  decía .      Así, se esforzó en tomar el té junto con mis muñecas preferidas, aprendió a hacerme trenzas imposibles y a desenredarme el pelo sin tirones.     Nos pintábamos las uñas, cenábamos tortitas, me contaba cuentos infinitos o me permitía dormir en su regazo, aunque esto último sólo después de su juego preferido.   El mejor de los mundos, o eso creía yo hasta que ayer en clase nos dibujé desnudos jugando a las  cosquillas  y la seño se asustó mucho, y una pregunta llevó a otra, y luego a otra, y ahora una doctora muy amable tiene los ojos llorosos mientras yo le explico que las cosquillas raras ...