Relato I



Antropología y otras desgracias

    El viajero estaba echado, boca arriba, sobre una chaise-longue forrada de cretona que sigue fuera de lugar en la humilde casa desde que él la dejara allí.  No ha sido buena idea volver a realizar el viaje que una década atrás le llevó de norte a sur recopilando los usos y costumbres de una ignorada España rural para su doctorado de antropología.  Se pregunta si es anatómicamente posible que el corazón le escape por la boca, incluso llegar a derretirse si no deja de sudar copiosamente.  
  Frente a él un trío de lo más inesperado.  Ella, voluptuosa como la recordaba, juguetea nerviosa con un mechón de pelo negro que se escapa de una trenza infinitamente más larga que entonces.  Sabe que las desgracias nunca vienen solas, que la masa del pan se volvió gelatinosa y nauseabunda ayer mismo.
  El marido le escudriña con cara de pocos amigos, aprieta los puños y calcula mentalmente si el peso del arado será suficiente para enterrarle en el fondo del pantano.  
  Un crío con las rodillas magulladas, ajeno al desastre que se respira en el ambiente, acierta a adivinar que el viajero rubio y de ojos azules, como él, también debe ser hijo de algún bárbaro del norte.  O eso es lo que le grita su abuela cada vez que lo descubre sofocado y con la mano aún dentro de los pantalones mientras le atina con la alpargata en la cabeza.  

E. Molano Gil

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